Fiesta del Bautismo del Señor

Fr. Augusto Berrio, SJ

Fiesta del Bautismo del Señor

Bautismo del Señor

El lugar en donde Jesús fue bautizado, es reconocido hoy, por Cristianos, Católicos y Ortodoxos. El Papa Francisco, ya lo visitó. Desde tiempos de Juan el Bautista, ha sido centro de peregrinaciones. Después de la muerte de Juan, muchos de sus seguidores se establecieron en la zona. Más tarde, se construyeron allí, iglesias, y un monasterio en el que los monjes viven en cuevas. Hoy día muchos se hacen bautizar allí, a la manera de Jesús, sumergiéndose en el río. En muchas iglesias católicas, a lo largo de mundo, utilizan fuentes bautismales, al menos en la Pascua, para bautizar, bajo inmersión. Jesús, aunque no tenía pecado, se sumergió en el Jordán, para solidarizarse con nosotros. Su bautismo marcó, también, el momento de su aparición en el escenario del mundo y de la historia. Después de la vida en familia, en Nazaret, empezó la etapa de anunciar el Reino de Dios, perdonando los pecados y curando a los enfermos. San Pedro dice cómo Jesús, después de ser ungido por el Espíritu Santo, pasó haciendo el bien y arrojando a los espíritus malos. Después de cuarenta días en el desierto, en donde el demonio lo tentó para abandonar su misión, Jesús empezó a formar una comunidad, escogiendo discípulos, con los que convivió y dió ejemplo, formando así  a la Iglesia. Él y sus seguidores, se dedicaron a hacer el bien, especialmente a los más necesitados. A los largo del mundo, los seguidores de Jesús están entre los pobres y más necesitados. Encontramos voluntarios, atendiendo a los sin techo, que viven en las calles, ofreciéndoles comida y otras ayudas. Otros atienden a los enfermos, ancianos y niños con dificultades. Nuestro Bautismo es no solo un signo de nuestra entrega al servicio de los demás, sino de la acción de Dios en nosotros. La voz del Padre dijo en el Bautismo de Jesús: “Este es mi Hijo amado, el Él me complazco”. En nuestro bautismo, el Padre nos dijo lo mismo. Nos convertimos en Hijos e Hijas de Dios, muy amados por Él. Él se complace en nosotros. Cuando San Pedro bautizó al centurión romano, Cornelio, reconoció cómo: “ Todos, de cualquier raza o nacionalidad, que respeten a Dios, y hagan el bien, son aceptados por Él”. Hoy día, la Iglesia está compuesta de gente de todas las nacionalidades.

La Madre Teresa, ahora Santa Teresa de Calcuta, hizo notar, cómo la gente, al cuidar de los enfermos, descubre el sentido real de la vida y crecimiento de la fe. Esa forma de vida no es fácil, necesita la Gracia de Dios, para tomar decisiones costosas y perseverar  haciéndolo. “Este es mi amado”, se refiere, según palabras de Isaías, a los que pasan haciendo el bien. Vivir buscando su satisfacción propia, no satisface. Nuestro Bautismo nos pide atender al llamado cristiano de hacer el bien. Esto exige sacrificios y renuncias. También debemos reconocer nuestras limitaciones y la necesidad de aceptar la ayuda de Dios y de los demás. Si no atendemos al que está  en necesidad, nuestra fe va perdiendo su sentido. En el siglo tercero, Cypriano de Cartago escribió a su amigo Donatelo: “Estamos viviendo en un mundo muy malo. Pero precisamente en él, he encontrado un grupo de personas, felices y santas. Han encontrado una alegría, que es mil veces mayor que todos los placeres de esta vida pecadora. Esta gente es despreciada y perseguida, pero eso no los perturba. Son los Cristianos, Donatelo, y yo soy uno de ellos”. Mientras recordamos el Bautismo de Jesús en el Jordán, acordémonos, también, de las palabras de Cypriano, según las cuáles, nosotros, por el Bautismo en Cristo, formamos parte de ese grupo de gente santa y felices.  Amén.

Bautismo del Señor

El lugar en donde Jesús fue bautizado, es reconocido hoy, por Cristianos, Católicos y Ortodoxos. El Papa Francisco, ya lo visitó. Desde tiempos de Juan el Bautista, ha sido centro de peregrinaciones. Después de la muerte de Juan, muchos de sus seguidores se establecieron en la zona. Más tarde, se construyeron allí, iglesias, y un monasterio en el que los monjes viven en cuevas. Hoy día muchos se hacen bautizar allí, a la manera de Jesús, sumergiéndose en el río. En muchas iglesias católicas, a lo largo de mundo, utilizan fuentes bautismales, al menos en la Pascua, para bautizar, bajo inmersión. Jesús, aunque no tenía pecado, se sumergió en el Jordán, para solidarizarse con nosotros. Su bautismo marcó, también, el momento de su aparición en el escenario del mundo y de la historia. Después de la vida en familia, en Nazaret, empezó la etapa de anunciar el Reino de Dios, perdonando los pecados y curando a los enfermos. San Pedro dice cómo Jesús, después de ser ungido por el Espíritu Santo, pasó haciendo el bien y arrojando a los espíritus malos. Después de cuarenta días en el desierto, en donde el demonio lo tentó para abandonar su misión, Jesús empezó a formar una comunidad, escogiendo discípulos, con los que convivió y dió ejemplo, formando así  a la Iglesia. Él y sus seguidores, se dedicaron a hacer el bien, especialmente a los más necesitados. A los largo del mundo, los seguidores de Jesús están entre los pobres y más necesitados. Encontramos voluntarios, atendiendo a los sin techo, que viven en las calles, ofreciéndoles comida y otras ayudas. Otros atienden a los enfermos, ancianos y niños con dificultades. Nuestro Bautismo es no solo un signo de nuestra entrega al servicio de los demás, sino de la acción de Dios en nosotros. La voz del Padre dijo en el Bautismo de Jesús: “Este es mi Hijo amado, el Él me complazco”. En nuestro bautismo, el Padre nos dijo lo mismo. Nos convertimos en Hijos e Hijas de Dios, muy amados por Él. Él se complace en nosotros. Cuando San Pedro bautizó al centurión romano, Cornelio, reconoció cómo: “ Todos, de cualquier raza o nacionalidad, que respeten a Dios, y hagan el bien, son aceptados por Él”. Hoy día, la Iglesia está compuesta de gente de todas las nacionalidades.

La Madre Teresa, ahora Santa Teresa de Calcuta, hizo notar, cómo la gente, al cuidar de los enfermos, descubre el sentido real de la vida y crecimiento de la fe. Esa forma de vida no es fácil, necesita la Gracia de Dios, para tomar decisiones costosas y perseverar  haciéndolo. “Este es mi amado”, se refiere, según palabras de Isaías, a los que pasan haciendo el bien. Vivir buscando su satisfacción propia, no satisface. Nuestro Bautismo nos pide atender al llamado cristiano de hacer el bien. Esto exige sacrificios y renuncias. También debemos reconocer nuestras limitaciones y la necesidad de aceptar la ayuda de Dios y de los demás. Si no atendemos al que está  en necesidad, nuestra fe va perdiendo su sentido. En el siglo tercero, Cypriano de Cartago escribió a su amigo Donatelo: “Estamos viviendo en un mundo muy malo. Pero precisamente en él, he encontrado un grupo de personas, felices y santas. Han encontrado una alegría, que es mil veces mayor que todos los placeres de esta vida pecadora. Esta gente es despreciada y perseguida, pero eso no los perturba. Son los Cristianos, Donatelo, y yo soy uno de ellos”. Mientras recordamos el Bautismo de Jesús en el Jordán, acordémonos, también, de las palabras de Cypriano, según las cuáles, nosotros, por el Bautismo en Cristo, formamos parte de ese grupo de gente santa y felices.  Amén.