IV Domingo de Adviento

Fr. Augusto Berrio, SJ

IV Domingo de Adviento

Adviento  4 A

¿Cómo decidimos el fiarnos o no de alguien? Nuestra habilidad para hacer la decisión correcta es crucial y afecta nuestras relaciones, finanzas y profesión. El hacer una decisión errónea tiene consecuencias devastadoras. Por eso, es sorprendente, el que algunas publicaciones psicológicas, sugieran cómo el juicio sobre la confiabilidad es algo instantáneo, basado solamente en el aspecto facial. Aparentemente, las caras más confiables, tienen pestañas altas, labios y pómulos salientes, mientras que en las menos fiables, las pestañas están hacia abajo, la frente arrugada, labios y pómulos hundidos. (Como el Joker de la película: Batman). Esta forma de hacer un juicio instantáneo, sobre la confiabilidad de alguien, pudo haber sido efectivo para nuestros ancestros, para su sobrevivencia. Pero, claramente, no lo es en nuestro mundo de hoy. El artista puede escoger un modelo con todas las atracciones faciales de una persona. Pero la confiabilidad está más profunda, que la simple piel de la cara. La psicología moderna, nos ayuda a identificar ciertas señales, además de la intuición, para saber si estamos haciendo la decisión correcta, sobre la persona de fiar. Entre ellas están: No obrar impulsivamente ni bajo presión, tomarse el tiempo para pensar, no aceptar una relación muy rápidamente, si no se conoce bien a la persona. Ser realista: Usar ambas cosas, las emociones y el cerebro. La intuición, por la experiencia que se tiene. En otras palabras: Tómese su tiempo, para poner su confianza en la persona apropiada. En el ejemplo de la lectura de Isaías,  a primera vista, el Rey Ahaz, parecía una buena persona, que se fiaba plenamente de Dios. No quiso pedir una señal: “No pondré a prueba a Dios”, dijo. Pero los hechos mostraron todo lo contrario. Por ellos, Ahaz apareció como un rey malo. Ante la amenaza de derrota e invasión, le volvió la espalda a Dios, y acudió a los ídolos de los paganos, aun fomentando el sacrificio de niños para aplacarlos. No ponía su confianza en el Señor. No pidió la señal, porque si se cumplía, tendría que arrepentirse de su mal proceder. Dios, de todas maneras, prometió la señal: “La doncella, dará a luz un hijo”, que será el Salvador. Lo contrario de lo que Ahaz está rechazando: “La presencia de Dios en su pueblo”.

En el evangelio, José,  tuvo que decidir, sobre de quién fiarse. ¿Se fiaría de María, su prometida? ¿Creería en la historia fantástica, de que permaneciendo virgen, estaba en cinta, por acción del Espíritu Santo?  También, tuvo que tomar la decisión de creer en su sueño, en el que el Ángel de Dios le comunicaba el mensaje, que se remontaba a los tiempos de Ahaz, de que ese niño era el cumplimiento de la promesa de Dios, de estar con su pueblo. El evangelio no nos cuenta explícitamente cómo José llegó a su decisión de fiarse. Pero, claramente, tuvo que pasar por un proceso, combinando su intuición y su experiencia de María y de Dios. Finalmente, tuvo que fiarse de sí mismo, al escuchar su corazón y su cerebro.  Cada individuo, y quizás cada generación se encuentra ante la misma pregunta que Ahaz  y José: ¿De quién fiarse? ¿Sobre qué bases construyo mi vida? La promesa fundamental que Dios hace a  Ahaz, a José y a nosotros, es: “Yo estaré contigo”. La pregunta que cada uno de nosotros se debe hacer es: ¿Me fío de Dios? ¿Está mi vida basada en la creencia, de que en medio de los desafíos y dificultades de la vida, Dios está conmigo y con nosotros como comunidad en Cristo? Como Ahaz, podemos elegir a los dioses falsos de nuestro tiempo: “Materialismo (dinero, posesiones), Poder, usando a los demás, para nuestro provecho. Fama y Estado social. O como José, podemos escuchar la voz de Dios, que persistentemente, en silencio, nos  habla en nuestro interior, sueños y esperanzas, invitándonos a confiar en Él, con seguridad y sin temor. Así nuestra vida y nuestra comunidad, serán muy distintas.  Amén.

Adviento  4 A

¿Cómo decidimos el fiarnos o no de alguien? Nuestra habilidad para hacer la decisión correcta es crucial y afecta nuestras relaciones, finanzas y profesión. El hacer una decisión errónea tiene consecuencias devastadoras. Por eso, es sorprendente, el que algunas publicaciones psicológicas, sugieran cómo el juicio sobre la confiabilidad es algo instantáneo, basado solamente en el aspecto facial. Aparentemente, las caras más confiables, tienen pestañas altas, labios y pómulos salientes, mientras que en las menos fiables, las pestañas están hacia abajo, la frente arrugada, labios y pómulos hundidos. (Como el Joker de la película: Batman). Esta forma de hacer un juicio instantáneo, sobre la confiabilidad de alguien, pudo haber sido efectivo para nuestros ancestros, para su sobrevivencia. Pero, claramente, no lo es en nuestro mundo de hoy. El artista puede escoger un modelo con todas las atracciones faciales de una persona. Pero la confiabilidad está más profunda, que la simple piel de la cara. La psicología moderna, nos ayuda a identificar ciertas señales, además de la intuición, para saber si estamos haciendo la decisión correcta, sobre la persona de fiar. Entre ellas están: No obrar impulsivamente ni bajo presión, tomarse el tiempo para pensar, no aceptar una relación muy rápidamente, si no se conoce bien a la persona. Ser realista: Usar ambas cosas, las emociones y el cerebro. La intuición, por la experiencia que se tiene. En otras palabras: Tómese su tiempo, para poner su confianza en la persona apropiada. En el ejemplo de la lectura de Isaías,  a primera vista, el Rey Ahaz, parecía una buena persona, que se fiaba plenamente de Dios. No quiso pedir una señal: “No pondré a prueba a Dios”, dijo. Pero los hechos mostraron todo lo contrario. Por ellos, Ahaz apareció como un rey malo. Ante la amenaza de derrota e invasión, le volvió la espalda a Dios, y acudió a los ídolos de los paganos, aun fomentando el sacrificio de niños para aplacarlos. No ponía su confianza en el Señor. No pidió la señal, porque si se cumplía, tendría que arrepentirse de su mal proceder. Dios, de todas maneras, prometió la señal: “La doncella, dará a luz un hijo”, que será el Salvador. Lo contrario de lo que Ahaz está rechazando: “La presencia de Dios en su pueblo”.

En el evangelio, José,  tuvo que decidir, sobre de quién fiarse. ¿Se fiaría de María, su prometida? ¿Creería en la historia fantástica, de que permaneciendo virgen, estaba en cinta, por acción del Espíritu Santo?  También, tuvo que tomar la decisión de creer en su sueño, en el que el Ángel de Dios le comunicaba el mensaje, que se remontaba a los tiempos de Ahaz, de que ese niño era el cumplimiento de la promesa de Dios, de estar con su pueblo. El evangelio no nos cuenta explícitamente cómo José llegó a su decisión de fiarse. Pero, claramente, tuvo que pasar por un proceso, combinando su intuición y su experiencia de María y de Dios. Finalmente, tuvo que fiarse de sí mismo, al escuchar su corazón y su cerebro.  Cada individuo, y quizás cada generación se encuentra ante la misma pregunta que Ahaz  y José: ¿De quién fiarse? ¿Sobre qué bases construyo mi vida? La promesa fundamental que Dios hace a  Ahaz, a José y a nosotros, es: “Yo estaré contigo”. La pregunta que cada uno de nosotros se debe hacer es: ¿Me fío de Dios? ¿Está mi vida basada en la creencia, de que en medio de los desafíos y dificultades de la vida, Dios está conmigo y con nosotros como comunidad en Cristo? Como Ahaz, podemos elegir a los dioses falsos de nuestro tiempo: “Materialismo (dinero, posesiones), Poder, usando a los demás, para nuestro provecho. Fama y Estado social. O como José, podemos escuchar la voz de Dios, que persistentemente, en silencio, nos  habla en nuestro interior, sueños y esperanzas, invitándonos a confiar en Él, con seguridad y sin temor. Así nuestra vida y nuestra comunidad, serán muy distintas.  Amén.