Primer Domingo de Adviento

Fr. Ike Udoh, SJ

Primer Domingo de Adviento

Jeremías 33:14-16 | 1 Tesalonicenses 3:12—4:2 | Lucas 21:25-28, 34-36

¿A dónde vas cuando todo tu mundo está sacudido? ¿Qué haces cuando las cosas como las conoces cambian repentinamente? Tarde o temprano, tu mundo como lo conoces experimentará un terremoto. Alguien muere, su casa está destruida, usted es violado, el cónyuge que creyaste te ama no puede soportar mirarte a los ojos, la iglesia que amas tiene algunos pastores que abusaron de las ovejas y de los más vulnerables. Tu sentido de seguridad se rompe y quedas inseguro. Estas son algunas de las descripciones y palabras que encontramos en nuestras lecturas. Angustia y tensión por diferentes circunstancias, perplejidad, ansiedad, duda, cosas imprevistas e inesperadas, sintiéndose dividido y separado del todo. Y Jesús no dice, no tendrás problemas ni pruebas. Él dice que oren para que tengan la fuerza para escapar de las tribulaciones que son inminentes. En otra escritura dice: “en el mundo tendrás problemas, pero no temas porque yo he vencido al mundo”.

 

Cuando todo se agita, ¿qué queda? ¿Hay algún lugar donde podamos plantarnos y estar seguros? La respuesta es no. Si está tratando de encontrar un lugar para ir donde esté seguro en esta vida, no lo encontrará, porque el cielo y la tierra pasarán, todo se sacudirá, y todo lo que veamos pasará. No hay un lugar donde estarás a salvo y seguro, pero hay una persona cuyos caminos, según el salmista, son bondad y constancia. Aquel cuya promesa y palabra es segura, porque esa palabra nunca puede volverse vacía, causa que las cosas sean, es efectiva y no puede fallar. Esta es la palabra que creó todas las cosas, la palabra que advirtió a Noé de un diluvio venidero, la palabra de promesa a Abraham cuando no tenía hijos de que sería padre de muchas naciones, la palabra dada a Moisés, “He oído el grito de mi pueblo y los liberaré de sus ataduras, la palabra a David de que su reino no tendrá fin, la palabra que se hizo carne en Jesús, la palabra que la muerte no pudo destruir. O bien confiamos en él y en su promesa, o seremos tragados por nuestros pecados y muerte y sufriremos una pérdida eterna cuando todas las cosas se sacudan. Solo hay una cosa que vence al mundo, es decir, nuestra fe en él, solo hay una base segura sobre la cual construir nuestras vidas, escuchar su palabra y vivirla.

 

Lo que teme que pueda pasar, puede suceder, la muerte puede tomar a un ser querido, puede perder muchas cosas, puede sentirse herido y sufrir dolor, pero Dios, cuya palabra y promesa son seguras, ha jurado nunca dejarlo o abandonarlo.  En él ponemos nuestra esperanza, aunque caminemos por el valle de la sombra de la muerte, no tememos al mal, porque El señor, nuestro pastor, está a nuestro lado. Cuando sientes los dolores de parto, no es hora de retirarte, es hora de empujar, debido a la promesa de una nueva vida. ¡No te rindas ahora! ¡Padre! Danos fuerza, para superar el dolor y la tribulación, para esperar con gozosa esperanza la venida de nuestro salvador Jesucristo.

¿A dónde vas cuando todo tu mundo está sacudido? ¿Qué haces cuando las cosas como las conoces cambian repentinamente? Tarde o temprano, tu mundo como lo conoces experimentará un terremoto. Alguien muere, su casa está destruida, usted es violado, el cónyuge que creyaste te ama no puede soportar mirarte a los ojos, la iglesia que amas tiene algunos pastores que abusaron de las ovejas y de los más vulnerables. Tu sentido de seguridad se rompe y quedas inseguro. Estas son algunas de las descripciones y palabras que encontramos en nuestras lecturas. Angustia y tensión por diferentes circunstancias, perplejidad, ansiedad, duda, cosas imprevistas e inesperadas, sintiéndose dividido y separado del todo. Y Jesús no dice, no tendrás problemas ni pruebas. Él dice que oren para que tengan la fuerza para escapar de las tribulaciones que son inminentes. En otra escritura dice: “en el mundo tendrás problemas, pero no temas porque yo he vencido al mundo”.

 

Cuando todo se agita, ¿qué queda? ¿Hay algún lugar donde podamos plantarnos y estar seguros? La respuesta es no. Si está tratando de encontrar un lugar para ir donde esté seguro en esta vida, no lo encontrará, porque el cielo y la tierra pasarán, todo se sacudirá, y todo lo que veamos pasará. No hay un lugar donde estarás a salvo y seguro, pero hay una persona cuyos caminos, según el salmista, son bondad y constancia. Aquel cuya promesa y palabra es segura, porque esa palabra nunca puede volverse vacía, causa que las cosas sean, es efectiva y no puede fallar. Esta es la palabra que creó todas las cosas, la palabra que advirtió a Noé de un diluvio venidero, la palabra de promesa a Abraham cuando no tenía hijos de que sería padre de muchas naciones, la palabra dada a Moisés, “He oído el grito de mi pueblo y los liberaré de sus ataduras, la palabra a David de que su reino no tendrá fin, la palabra que se hizo carne en Jesús, la palabra que la muerte no pudo destruir. O bien confiamos en él y en su promesa, o seremos tragados por nuestros pecados y muerte y sufriremos una pérdida eterna cuando todas las cosas se sacudan. Solo hay una cosa que vence al mundo, es decir, nuestra fe en él, solo hay una base segura sobre la cual construir nuestras vidas, escuchar su palabra y vivirla.

 

Lo que teme que pueda pasar, puede suceder, la muerte puede tomar a un ser querido, puede perder muchas cosas, puede sentirse herido y sufrir dolor, pero Dios, cuya palabra y promesa son seguras, ha jurado nunca dejarlo o abandonarlo.  En él ponemos nuestra esperanza, aunque caminemos por el valle de la sombra de la muerte, no tememos al mal, porque El señor, nuestro pastor, está a nuestro lado. Cuando sientes los dolores de parto, no es hora de retirarte, es hora de empujar, debido a la promesa de una nueva vida. ¡No te rindas ahora! ¡Padre! Danos fuerza, para superar el dolor y la tribulación, para esperar con gozosa esperanza la venida de nuestro salvador Jesucristo.