VI Domingo Ordinario

Fr. Augusto Berrio, SJ

VI Domingo Ordinario

Domingo 6 A

Dentro de diez días celebraremos el Miércoles de Ceniza. En ese día, en Londres, los activistas de la Organización Internacional Católica por la Paz, hacen una vigilia al frente del edificio del ministerio de defensa, para pedir la destrucción de las armas nucleares. Con ceniza, escriben en el piso la palabra “Arrepiéntete”, y en los carteles que portan dice: ”Elije la vida, no la muerte”. Cada año, decenas de hombres y mujeres son arrestados, por perturbar el órden.  La razón que dan para quebrantar la ley, es cómo la Ley de Dios, sobre el amor, está por encima de cualquier otra. Que consideran inmoral la tolerancia de los gobiernos a las armas nucleares.

En el evangelio de hoy, oímos el Sermón de la montaña. Jesús nos vuelve a lo fundamental de nuestra fe: “Amor a Dios y al prójimo”. Jesús no contradice la Ley Judía, ni los Diez mandamientos, pero se opone al tipo de religión legalística, que los Escribas y Fariseos, han construido a su conveniencia, llena de exigencias, que nada tienen que ver con la Ley de Dios.  “Si su virtud no va más allá que la de los Escribas y Fariseos, no entrarán en el Reino de los cielos”, nos dice. En día sábado, Jesús hizo sanaciones, lo que era contra la Ley. Habló con una mujer en público, lo que estaba prohibido. Denunció las prescripciones impuestas por los Escribas y Fariseos, como extrañas al objetivo de la Ley. En su discurso expone la Ley en seis aspectos: Asesinato, adulterio, divorcio, juramento, venganza y amor al enemigo. Jesús busca el espíritu de la Ley. La presencia de la vida divina en nosotros, es la razón verdadera, por la que la Ley nos manda no matar, no mentir, no robar. En otras palabras se nos manda amar como Dios ama. Este es el desafío que nos presentan las Bienaventuranzas del Sermón del Monte. Jesús nos da el ejemplo para vivir este ideal. Estamos llamados a imitar su amor compasivo.

La primera lectura de hoy, nos presenta las dos opciones: Elije lo que produce vida o lo que produce muerte. Ser cristiano significa algo más que cumplir con unas reglas, simplemente venir a la Misa. Jesús nos da la libertad para elegir todo lo que apoya, sostiene, hace crecer y alimenta la vida, propia y de los demás. Elegimos  la vida cuando ayudamos a los necesitados, respetamos la dignidad de todo ser humano, y cuidamos de la creación de Dios. También cuando somos generosos con nuestro tiempo, dinero y recursos. Preguntémonos si con nuestras acciones, le mostramos a los demás, cómo Dios está en el centro de nuestras vidas. Jesús nos manda amar a los demás y y al mundo como Dios lo hace. Ser compasivos y misericordiosos sin ninguna tibieza. Las Bienaventuranzas, nos llaman a ser humildes, vivir con simplicidad en forma pacífica, aunque esté contra los valores del mundo. Si reflexionamos en la gloria de Dios, y en su amor, en nuestra vida diario, nuestra vida se transformará. La Iglesia siempre ha luchado, con el compromiso por la paz y la justicia a nivel global, nacional y local. La Iglesia está llamada a ser modelo y promotora , de la no- violencia y el aprecio por los pobres y desamparados.  Amén.

 

Domingo 6 A

Dentro de diez días celebraremos el Miércoles de Ceniza. En ese día, en Londres, los activistas de la Organización Internacional Católica por la Paz, hacen una vigilia al frente del edificio del ministerio de defensa, para pedir la destrucción de las armas nucleares. Con ceniza, escriben en el piso la palabra “Arrepiéntete”, y en los carteles que portan dice: ”Elije la vida, no la muerte”. Cada año, decenas de hombres y mujeres son arrestados, por perturbar el órden.  La razón que dan para quebrantar la ley, es cómo la Ley de Dios, sobre el amor, está por encima de cualquier otra. Que consideran inmoral la tolerancia de los gobiernos a las armas nucleares.

En el evangelio de hoy, oímos el Sermón de la montaña. Jesús nos vuelve a lo fundamental de nuestra fe: “Amor a Dios y al prójimo”. Jesús no contradice la Ley Judía, ni los Diez mandamientos, pero se opone al tipo de religión legalística, que los Escribas y Fariseos, han construido a su conveniencia, llena de exigencias, que nada tienen que ver con la Ley de Dios.  “Si su virtud no va más allá que la de los Escribas y Fariseos, no entrarán en el Reino de los cielos”, nos dice. En día sábado, Jesús hizo sanaciones, lo que era contra la Ley. Habló con una mujer en público, lo que estaba prohibido. Denunció las prescripciones impuestas por los Escribas y Fariseos, como extrañas al objetivo de la Ley. En su discurso expone la Ley en seis aspectos: Asesinato, adulterio, divorcio, juramento, venganza y amor al enemigo. Jesús busca el espíritu de la Ley. La presencia de la vida divina en nosotros, es la razón verdadera, por la que la Ley nos manda no matar, no mentir, no robar. En otras palabras se nos manda amar como Dios ama. Este es el desafío que nos presentan las Bienaventuranzas del Sermón del Monte. Jesús nos da el ejemplo para vivir este ideal. Estamos llamados a imitar su amor compasivo.

La primera lectura de hoy, nos presenta las dos opciones: Elije lo que produce vida o lo que produce muerte. Ser cristiano significa algo más que cumplir con unas reglas, simplemente venir a la Misa. Jesús nos da la libertad para elegir todo lo que apoya, sostiene, hace crecer y alimenta la vida, propia y de los demás. Elegimos  la vida cuando ayudamos a los necesitados, respetamos la dignidad de todo ser humano, y cuidamos de la creación de Dios. También cuando somos generosos con nuestro tiempo, dinero y recursos. Preguntémonos si con nuestras acciones, le mostramos a los demás, cómo Dios está en el centro de nuestras vidas. Jesús nos manda amar a los demás y y al mundo como Dios lo hace. Ser compasivos y misericordiosos sin ninguna tibieza. Las Bienaventuranzas, nos llaman a ser humildes, vivir con simplicidad en forma pacífica, aunque esté contra los valores del mundo. Si reflexionamos en la gloria de Dios, y en su amor, en nuestra vida diario, nuestra vida se transformará. La Iglesia siempre ha luchado, con el compromiso por la paz y la justicia a nivel global, nacional y local. La Iglesia está llamada a ser modelo y promotora , de la no- violencia y el aprecio por los pobres y desamparados.  Amén.