VII Domingo Ordinario

Fr. Augusto Berrio, SJ

VII Domingo Ordinario

Domingo 7 A

En nuestra era digital tenemos que configurar o preparar nuestros computadores o teléfonos, bajo un sistema determinado, para instalar las aplicaciones. La preparación también se aplica cuando queremos sobresalir en un deporte u oficio determinados, Es necesario emplear muchas horas de trabajo para  ser un experto. El maestro debe estudiar varios años y practicar mucho, para poder responder por sus clases. Todos ellos se adaptan al oficio que deben desempeñar, para dar todo su potencial.  En cierta forma se identifican con el oficio que ejercen.

En el A.T. la ley y la Liturgia, fueron los medios que Dios escogió, para que el pueblo pudiera adaptarse a la vida divina. Los Diez Mandamientos eran la base moral y junto con la Liturgia, ayudaban a participar en la santidad de Dios. Jesús restableció el objetivo de ser santos con sus enseñanzas: “Sean santos, como su Padre celestial es santo”. En otras palabras, estamos llamados a configurarnos con la vida divina, el Amor Eterno del Padre, Hijo y Espíritu Santo.  También Jesucristo nos dio enseñanzas practicas, sobre cómo lograrlo: “Amen a sus enemigos, oren por los que los persiguen y calumnian; rompan el círculo vicioso de la violencia, no respondiendo violentamente a los que los ofenden. Nuestra buena voluntad y actos de amor, no pueden ser, solamente,  para los conocidos, sino que deben abarcarlos a todos, como lo hace Dios con toda la creación. Esto nos puede parecer una meta imposible de lograr, con tanta malicia y violencia en el mundo.  Ciertamente, con solo nuestros recursos, no podremos. Pero Dios nos da la ayuda necesaria, para adaptarnos a su vida. San Pablo, en su Primera Carta a los Corintios, enseña cómo somos Templo del Espíritu Santo. Esto no es solo una figura piadosa, es la realidad fundamental de nuestra vida cristiana. Cuando vivimos en un estado de amistad con Dios, el Espíritu Santo, habita en nosotros, para adaptarnos a la vida sobrenatural, de la vida divina. No nos presiona desde fuera, sino nos adapta internamente, para ayudarnos a ser santos y perfectos. Para adaptarnos mejor a la vida de Dios, necesitamos crecer en su amistad y permitir la acción del Espíritu Santo dentro de nosotros. Si las virtudes de la Fe, Esperanza y Caridad, son nuestro sistema operativo,  que nos configura al nivel de la vida divina; entonces los Dones del Espíritu Santo, serán nuestra ayuda, en todas las circunstancias de la vida. Por ejemplo, con el Don de Sabiduría, nos adaptamos a la realidad de la vida de la Santísima Trinidad. El Don de Conocimiento, nos ayuda a ver el mundo como Dios lo ve. El Don de consejo, nos ayuda a juzgar las acciones y situaciones individuales a la luz del Evangelio, para que otros hagan lo mismo. Con el Don de Fortaleza, afrontamos y superamos las dificultades múltiples, que se nos presentan. Con la inspiración del Espíritu Santo, podemos ser perfectos, en la adaptación a la vida divina en nuestra vida. Pidamos ser más conscientes de nuestra vida sobrenatural, para usar mejor los Dones del Espíritu Santo. El recibir, con frecuencia a Jesucristo, en la Eucaristía,  fortalece la vida divina dentro de nosotros, para adaptarnos al Amor personal con el Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.

Domingo 7 A

En nuestra era digital tenemos que configurar o preparar nuestros computadores o teléfonos, bajo un sistema determinado, para instalar las aplicaciones. La preparación también se aplica cuando queremos sobresalir en un deporte u oficio determinados, Es necesario emplear muchas horas de trabajo para  ser un experto. El maestro debe estudiar varios años y practicar mucho, para poder responder por sus clases. Todos ellos se adaptan al oficio que deben desempeñar, para dar todo su potencial.  En cierta forma se identifican con el oficio que ejercen.

En el A.T. la ley y la Liturgia, fueron los medios que Dios escogió, para que el pueblo pudiera adaptarse a la vida divina. Los Diez Mandamientos eran la base moral y junto con la Liturgia, ayudaban a participar en la santidad de Dios. Jesús restableció el objetivo de ser santos con sus enseñanzas: “Sean santos, como su Padre celestial es santo”. En otras palabras, estamos llamados a configurarnos con la vida divina, el Amor Eterno del Padre, Hijo y Espíritu Santo.  También Jesucristo nos dio enseñanzas practicas, sobre cómo lograrlo: “Amen a sus enemigos, oren por los que los persiguen y calumnian; rompan el círculo vicioso de la violencia, no respondiendo violentamente a los que los ofenden. Nuestra buena voluntad y actos de amor, no pueden ser, solamente,  para los conocidos, sino que deben abarcarlos a todos, como lo hace Dios con toda la creación. Esto nos puede parecer una meta imposible de lograr, con tanta malicia y violencia en el mundo.  Ciertamente, con solo nuestros recursos, no podremos. Pero Dios nos da la ayuda necesaria, para adaptarnos a su vida. San Pablo, en su Primera Carta a los Corintios, enseña cómo somos Templo del Espíritu Santo. Esto no es solo una figura piadosa, es la realidad fundamental de nuestra vida cristiana. Cuando vivimos en un estado de amistad con Dios, el Espíritu Santo, habita en nosotros, para adaptarnos a la vida sobrenatural, de la vida divina. No nos presiona desde fuera, sino nos adapta internamente, para ayudarnos a ser santos y perfectos. Para adaptarnos mejor a la vida de Dios, necesitamos crecer en su amistad y permitir la acción del Espíritu Santo dentro de nosotros. Si las virtudes de la Fe, Esperanza y Caridad, son nuestro sistema operativo,  que nos configura al nivel de la vida divina; entonces los Dones del Espíritu Santo, serán nuestra ayuda, en todas las circunstancias de la vida. Por ejemplo, con el Don de Sabiduría, nos adaptamos a la realidad de la vida de la Santísima Trinidad. El Don de Conocimiento, nos ayuda a ver el mundo como Dios lo ve. El Don de consejo, nos ayuda a juzgar las acciones y situaciones individuales a la luz del Evangelio, para que otros hagan lo mismo. Con el Don de Fortaleza, afrontamos y superamos las dificultades múltiples, que se nos presentan. Con la inspiración del Espíritu Santo, podemos ser perfectos, en la adaptación a la vida divina en nuestra vida. Pidamos ser más conscientes de nuestra vida sobrenatural, para usar mejor los Dones del Espíritu Santo. El recibir, con frecuencia a Jesucristo, en la Eucaristía,  fortalece la vida divina dentro de nosotros, para adaptarnos al Amor personal con el Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.